Srila Prabhupada Uvaca 76
Junio de 1973; Mayapur, India;
Mayapur Candrodaya Mandir
El otro día, Srila Prabhupada reprendió a su editor en Sánscrito,
Pradyumna prabhu, por dormir durante el programa de la mañana. Pradyumna, mi devoto
favorito del entorno de Srila Prabhupada, tomó el reto muy en serio. Se decidió a
reducir su comida tomando solo leche caliente, fruta y almendras. Pradyumna dijo que las
almendras eran "alimento para el cerebro". El tenía muchos cerebros así como
una memoria fotográfica.
Como se mencionara en un Uvaca previo, cuando estuve en Mayapur, Srila Prabhupada salía
al balcón-terraza mientras sus discípulos tomaban prasadam, para ver lo que estaban
comiendo. Disfrutaba mirando a sus hijos tomar el Krishna prasadam en completa
satisfacción. Yo me sentía muy cuidado por mi padre espiritual. El parecía complacido
por nuestra atracción hacia el Krishna prasadam. No le agradó cuando notó que Pradyumna
no estaba con nosotros.
Regresó de vuelta a su habitación y dijo, "¿Porqué tú no estás tomando prasadam
con los demás?". Pradyumna respondió tranquilo, "No estoy muy hambriento,
Srila Prabhupada". La respuesta no alcanzaba. Srila Prabhupada dijo, "¿Qué
quieres decir? Tú deberías estar tomando prasadam". Pradyumna, sabiendo que su
maestro espiritual no estaba satisfecho, dijo, "Bueno, Prabhupada, si tomo prasadam,
luego me duermo". Srila Prabhupada respondió, "Qué le vamos a hacer. Tienes
que tomar prasadam, aunque duermas diez horas por día. ¿Cómo puedes vivir sin tomar
prasadam?". Hizo una breve pausa y agregó, "Así pues, toma prasadam y duerme.
No puedes dejar de tomar prasadam, aunque te duermas todo el día... Debes tomar prasadam.
De otro modo, ¿cómo seguirás?". Pradyumna prabhu salió de la habitación,
ofreció reverencias y tomó prasadam con el resto de nosotros. Yo estaba feliz de volver
a tener su asociación.
Srila Prabhupada siempre animaba a sus discípulos a reducir al mínimo su comida y
sueño, de modo de avanzar en Conciencia de Krishna, mas también nos dijo que usáramos
el sentido común. Muchas veces dijo, "Deben comer tanto como puedan digerir".
También dijo, "Tomen tanto prasadam como quieran, pero coman todo lo que tomen. Ni
un grano de arroz debe desperdiciarse". Era muy estricto en relación a que todos
asistieran al programa de la mañana. Si se necesitaba dormir más, podía hacerse en
otras horas, tal como una siesta después del almuerzo o irse a dormir más temprano a la
noche.
Srila Prabhupada generalmente tomaba el desayuno justo después de dar clase a la mañana,
y el almuerzo alrededor de la 1.00 p.m. Solía tomar leche caliente antes de ir a
descansar en la noche y si sentía un poco de apetito, yo le preparaba puris, vegetales o
arroz inflado. Cuando tenía apetito, disfrutaba comiendo, tanto como yo lo hacía
alimentándolo. Algunos de mis días más alegres fueron cuando él tomaba el almuerzo y
yo tenía que correr de un lado a otro, de la cocina a su habitación con un capati
caliente, colocándolo en su plato cuando aún estaba inflado con el relleno. Ir y volver
5 ó 6 veces en un lapso de 10 minutos, ofrecer reverencias cada vez que llegaba a su
cuerpo trascendental. Sentado con su rodilla derecha en el aire, el mezclaba graciosamente
el subji con su capati y saboreaba el prasadam.
Srila Prabhupada, por favor deme su misericordia. Con gusto dejaría de comer y dormir por
completo, tan solo para enrollar y cocinar capatis de nuevo para Ud. No hay nada más
dulce en los tres mundos que tener un vislumbre de su inocencia infantil cuando se sentaba
a honrar el prasadam. No creo que nadie que lo observe comer, sea capaz de no morir de
amor por Ud., excepto un demonio como yo. Quizás nunca saboree el néctar del amor de
Dios, pero ruego por su misericordia sobre mi alma, poder volver a cocinarle capatis.
Srila Prabhupada Uvaca 77
Srila Prabhupada recuerda su juventud
A veces, Srila Prabhupada hablaba con cariño sobre su padre. Siempre lo
hacía con mucha entrega. El dijo, "Mi padre se aseguraba que yo tuviera todo lo que
deseara. Aunque fuera a mitad de la noche, y yo quisiera puris, mi padre le decía a mi
madre, "Hazle puris, si quiere puris". A veces mi madre se resistía, pero mi
padre la convencía. Era algo así. No lo sé. Quizás mi padre sabía. El siempre hacía
cosas como esas. Luego mi madre tenía que complacer a mi padre".
Una vez en un vuelo, Srila Prabhupada estaba tomando prasadam que consistía en puris y
subji. Mientras comía, comenzó a reír fuerte y me dijo, "Cuando yo era joven nunca
comía capatis. Yo era muy pretencioso. No eran buenos para mí. Yo tenía que tener
puris. Cada vez que mi madre me cocinaba, tenía que tener puris. Incluso con el tiempo,
cuando fui un comerciante". Dejó de hablar por un minuto, pero fue para volver a
reír. Estaba muy complacido y disfrutaba contándome cuán pillo había sido. Srila
Prabhupada continuó, "A veces era muy embarazoso, porque yo iba a las casas de
otros. Ellos me daban capatis para la cena".
Los ojos de Srila Prabhupada se agrandaron mucho mientras expresaba su dilema, diciendo,
"Yo no los podía comer, y a la vez no me podía rehusar. No sabía qué hacer. Qué
podía decir, 'Lo siento, no como capatis'. Luego ellos pensarían, '¡Oh! ¿Tú eres
superior a mí? ¿Tú no comes capatis? ¿Tú tienes que tener puris?'. De modo que era
muy complejo. A veces yo me iba y no los comía. Me resultaba muy difícil decir, '¡Oh!
No quiero capatis', pues ellos se ofenderían, pero yo no podía comer capatis.
Simplemente no me gustaban".
Srila Prabhupada nunca dejó de sonreír y reírse mientras describía sus traviesas
actividades. Continuó, 'Por ese tiempo, contraté un sirviente. El trataba de hacer que
yo comiera capatis. Una vez, me insistió, 'Quiero que los pruebe. Quiero que me permita
hacerle capatis. Estoy seguro que le van a gustar'. Yo decía, '¡No! Esto sucedió por
algún tiempo. El seguía pidiéndome, 'Por favor, permítame hacerle capatis, sé que le
van a gustar'. Al final, dije, 'Está bien. Los probaré'. Me hizo capatis de primera
clase. Y desde ese momento, me gustaron. Fue un cambio muy abrupto en mi vida. Hasta ese
momento nunca había tomado capatis".
Me resulta difícil describir con palabras cuán bellamente animado estaba Srila
Prabhupada mientras contaba esta historia. El expresaba las emociones de cada cual,
mientras iba revelando la historia. Sus ojos se agrandaban al expresar la alarma por su
'superioridad'. Toda vez que hablaba sobre su juventud, a mí me parecía que no hacía
mucho de eso. El se complacía mucho en hablar de eso con sus discípulos.
Gracias Srila Prabhupada por permitirme ingresar en sus pasatiempos infantiles. Es solo
debido a su misericordia sin causa que pude ser testigo de tan gloriosas actividades. Sé
que Ud. me lo brindó gentilmente porque yo necesitaba mucho de Ud. Estoy endeudado
eternamente.
Srila Prabhupada Uvaca 78
Diciembre de 1973; LA., Ca.
ISKCON Nueva Dwarka
Ha habido unos días sumamente fríos, considerando que estamos en
L.A., con bajas de hasta 40º F. Me brinda la oportunidad de hacer un poco más de
servicio para Srila Prabhupada. Sin importar cuán frío esté, Srila Prabhupada sale a
dar su paseo matinal. Cuando está tan frío, él usa calzoncillos largos y zoquetes.
Srila Prabhupada aprecia que lo ayude a ponérselos en su dormitorio.
Primero, tomo esta ropa interior térmica larga, por supuesto azafrán, y con Srila
Prabhupada sentado en su cama, con el dhoti y kurta puestos, los paso por encima de sus
pies de loto, un pie a la vez, subiéndolos hasta las rodillas. Mientras aún está
sentado, le pongo zoquetes de color azafrán en esos hermosos y suaves pies de loto.
Luego, Srila Prabhupada se pone de pie y tira de ellos hasta la cintura, con el dhoti en
su lugar. Se coloca su sweater azafrán, sin mi ayuda y va a su asiento a colocarse el
tilaka, diciendo el mantra Gayatri.
Si había alguien más en la habitación, naturalmente también decían el Gayatri.
Usualmente no era una buena idea porque Srila Prabhupada siempre terminaba antes que sus
discípulos. El dilema de ellos era tratar de decidir si quedarse congelados en su pose
brahmínica perdiendo a su Guru Maharaja que salía por la puerta o apresurarse a ponerse
de pie y tratar de conservar a Su Divina Gracia en su mira. Yo amaba observar esta escena
humorística desplegada ante mí. Aunque parecía que sucedía en todas partes, nunca pude
prevenir a mis hermanos espirituales, especulaba pícaramente que Srila Prabhupada
disfrutaba observando sus miradas desesperadas, tanto como yo lo hacía.
Tras decir el Gayatri, Srila Prabhupada se ponía de pie y yo le ayudaba a colocarse su
abrigo de capucha azafrán. Plumas de pavo real colgaban como borlas de su cuello. Este
abrigo favorito fue confeccionado por Jayasri devi en el Templo de Honolulú, en 1970 y
viajó por todo el mundo con Srila Prabhupada, por años. No me puedo imaginar a nadie
excepto Su Divina Gracia, usando ese abrigo. Tenía un aspecto glorioso en él.
En una ocasión, cuando viajó a Australia, cometí el error de no llevarlo con nosotros.
No realicé el frío que haría. Srila Prabhupada dijo, "¿Porqué no trajiste mi
abrigo?". Me quedé allí parado y no dije nada. El estaba tan desconcertado conmigo
que ni siquiera me gritó. Su secretario mandó traer su abrigo en avión.
Tras abrocharse el saco, Srila Prabhupada se encaminaba a la puerta frontal. Por lo
general, yo tenía preparados sus zapatos y bastón. Al asir su bastón, me ofrecía su
pie derecho, el cual yo deslizaba en su calzado de lona con la ayuda de un calzador que yo
llevaba por todo el mundo. Luego, dando su siguiente paso, colocaba el otro zapato en su
pie, antes de que tocara el piso, todo en un solo movimiento suave. Su economía de
movimientos era sorprendente. Una o dos veces le permití a un discípulo ansioso que
realizara este muy santo servicio, mas tras observar a Srila Prabhupada molesto por su
respeto, decidí hacerlo yo personalmente.
Las Gopis oran por volverse la flauta de Krishna, siempre en contacto con Sus labios de
loto, yo oro por volverme el calzador de Srila Prabhupada.
Esta breve meditación la inspiró mi gerente de producción literaria, Vidyananda prabhu.
El aguarda ansiosamente enterarse de los intrincados detalles de la forma en que serví a
Srila Prabhupada, y medita a diario en servir personalmente a su amado maestro espiritual,
Su Divina Gracia, Srila Prabhupada.
Srila Prabhupada Uvaca 79
Noviembre de 1974; Bombay, India;
ISKCON Juhu
En su recorrido por la India, Paramahamsa Swami fue el secretario de
Srila Prabhupada y Nitai dasa, el editor en sánscrito. Fuimos todos juntos. Todos éramos
parte de la segunda ola de devotos que se unió al templo alrededor de 1971. Mientras
estuvimos en Juhu, Palika devi preparó el almuerzo de Srila Prabhupada. Tras finalizar el
masaje de Su Divina Gracia, Paramahamsa, Nitai y yo, fuimos a la playa, a una cuadra de
distancia, para bañarnos y tomar sol. Volveríamos antes de que Srila Prabhupada se
levantara de su siesta de la tarde, en caso que nos necesitara.
En unos días, mis hermanos espirituales dejaron de ir porque no terminaban sus servicios,
pero yo continué haciéndolo. Un día, al regresar de la playa, Paramahamsa Swami acudió
a mi encuentro y me dijo, "Srila Prabhupada está realmente desconcertado porque vas
a la playa por tu cuenta. Dijo que quiere hablar contigo. Está muy enojado". Esperé
hasta que Srila Prabhupada terminara su almuerzo. Cuando volvió a su sala de estar,
entré a su habitación y ofrecí reverencias. Al mirarlo, observé que tenía una
expresión contenta en el rostro. No parecía estar enojado en absoluto.
Confundido, expresé abruptamente, "Srila Prabhupada, ¿le importa si voy a la playa
después de darle su masaje?". El replicó indiferente, "No, está bien. ¿Vas
solo?". Yo dije, "Sí", -pero expliqué, "Comenzamos a ir los tres, a
nadar, pero ahora voy yo yo solo". El dijo, "Está bien. Es bonito ir un poco a
la playa, tomar algo de sol e ir al agua. Puedes ir". Aliviado dije, "Gracias,
Srila Prabhupada". Ofrecí reverencias y salí de la habitación. Fui inmediatamente
con Paramahamsa Swami, y le conté feliz mi conversación con mi amado Maestro Espiritual.
Sacudiendo la cabeza, el volvió a confirmar la historia original.
Una situación como ésta no era tan inusual. Estoy seguro que Srila Prabhupada se quejaba
de mis idas a la playa. Lo encantador fue cuán tolerante había sido conmigo cuando le
hice esa pregunta. El pudo captar mi apego y me permitió tomar mi propia decisión. Dejé
de ir a la playa, feliz porque él no me había obligado.
Srila Prabhupada, qué experto es Ud. A menudo decía, "Uds. chicas y muchachos
están realizando servicio voluntariamente. Yo no les puedo obligar a hacer nada".
Ud. siempre me trató con respeto, muchas veces para mi propia confusión. Debido a su
humildad yo rebosaba con el deseo de hacer todo lo que solicitara. Misericordiosamente, su
único deseo para mí era que "canta Hare Krishna y sé feliz". Toda vez que lo
recuerdo, esa instrucción es muy fácil de acatar".
Srila Prabhupada Uvaca 80
Mayo de 1972; Los Angeles, CA., EUA.;
ISKCON Nueva Dwarka
Fui a Nueva Dvarka con Kirtanananda Maharaja a recibir iniciación
Brahmínica y nos quedamos por una semana. En el crepúsculo, Srila Prabhupada iba a su
jardín con unos pocos discípulos afortunados para oír los extáticos pasatiempos del
Señor Krsna del Libro de Krsna. Por la gracia de Krisna, me designaron para leer. Pasaba
cada día anticipándome a esa bendita actividad. Srila Prabhupada se sentaba en su asana
debajo de la arcada de un emparrado, por lo general con la mano en su bolsita de cuentas.
A veces le oíamos cantar suavemente, "Hare Krishna" en sus cuentas. El siempre
escuchaba atentamente el Libro de Krsna, sonriendo en ocasiones, ante las encantadoras
actividades de Krishna y Su hermano Balarama.
Una noche, mientras leía la historia, 'Liberación del Gorila Dvivida', Srila Prabhupada
sonrió ampliamente, al oír la naturaleza maligna de Dvivida. Comenzó a reír entre
dientes cuando yo leía el pasaje. "A menudo él iba a las ermitas de las grandes
personas santas y causaba una gran perturbación al pisotear sus hermosos jardines y
glorietas". Pude presentir que se pondría más interesante, y así fue. Continué,
"No sólo creaba disturbios de ese modo, sino que a veces orinaba y defecaba en su
arena sagrada sacrificial". Srila Prabhupada se reía tan fuerte que tuve que dejar
de leer por un momento. Al ver su reacción, todos experimentamos una bienaventuranza
increíble. El palmeaba extáticamente su pierna.
Para mí era evidente que a Srila Prabhupada le gustaba oír sobre Krsna y Balarama
matando a los demonios. La tarde siguiente, cuando entramos al jardín, me senté
inmediatamente en el césped y comencé a buscar una historia que involucrara a un
demonio. Dí vueltas las páginas por unos segundos, cuando Srila Prabhupada me detuvo,
diciendo, 'Continúa. Lee de cualquier parte. Krishna es como una bolita dulce.
Dondequiera muerdas, sabe bien". Comencé alegre a leer la siguiente historia.
Estando junto a Kirtanananda Maharaja, podía ir a pasear a la mañana con Srila
Prabhupada. Esperábamos cada día en el pasillo hasta que Srila Prabhupada bajara. Debido
al hecho de que yo estaba leyendo el libro de Krishna cada noche, Srila Prabhupada se dio
cuenta de mi presencia. Una mañana, mientras bajaba por las escaleras, me miró directo a
los ojos y dijo, "¡Oh! Miren este joven y lindo brahmacari. ¿Cómo te
llamas?". Atónito y lleno de respeto...no pude responder mientras el continuaba
bajando por las escaleras. Finalmente Kirtanananda Swami dijo, "Se llama Srutakirti,
Prabhupada". Srila Prabhupada sonrió y dijo, "¡Oh! Suta Gosvami". Srila
Prabhupada continuó caminando hacia la salida. Finalmente tenía una razón para vivir,
mi amado guru deva me reconocía como el recitador del lila de Krishna, como Suta Gosvami.
Abrumado por la graciosa mirada de Su Divina Gracia, comprendí que él apreciaba mi
lectura del libro de Krishna.
Después de volverme su sirviente personal, pude observar cuán apreciativo es Ud. del
servicio que cada uno de sus discípulos realizan. Cualquier pequeño servicio que fuera
hecho por alguien, era recibido personalmente por Ud. como un favor. Ud. se complace al
ver que las semillas de la devoción que Ud. plantara, están echando raíces y
fortaleciéndose. Ud. se deleita viendo que sus estudiantes avanzan en Conciencia de
Krishna. Muchas veces dijo, "He convertido a hippies en happies" (*).
Al recordar sus hermosos pies de loto, me siento muy feliz. Servirlos es mi único
refugio. Gracias por darme esta oportunidad eterna.
* Nota del traductor: "Hippies into happies"
juego de palabras de Srila Prabhupada. Happy significa feliz. "Happies"
(felices) es su adaptación del adjetivo en plural, que no existe en inglés.
Srila Prabhupada Uvaca 81
ISKCON, Cualquier parte
Dos horas en la vida del siervo personal de Su Divina Gracia
En un día común fuera de la India, el proceso de preparar el almuerzo
de Srila Prabhupada, era como sigue. Una media hora antes del masaje, yo preparaba una
pequeña masa de capati, luego, cortaba vegetales diversos y los colocaba en la hornalla
media de la famosa cocinita de tres quemadores de Srila Prabhupada. En el quemador
inferior, ponía algo de coliflor y papas o alguna otra combinación de vegetales, en
agua, para hacer un vegetal húmedo. En el de la parte superior, un dahl cortado en agua y
arroz, y agua encima. Muchos vegetales eran colocados en la hornalla superior de la
cocinita. Ahora bien, la famosa cocina de tres hornallas de Srila Prabhupada debía ser
puesta a llama de media a baja. Luego, salía de la cocina para dar a Srila Prabhupada su
masaje.
El masaje duraba de una a dos horas. La habilidad para usar la cocina durante el masaje
era no permitir que el agua se secara en la parte inferior. Srila Prabhupada me enseñó
como utilizar el hornillo con dahl, de la parte inferior. Unas pocas veces el dahl
comenzó a quemarse durante el masaje, lo cual era una gran fuente de ansiedad para mí.
Nunca quería dejar a Srila Prabhupada en medio de un masaje, pero a veces se podía oler
el dahl quemado. Srila Prabhupada diría, "¿Qué es ese olor?". El sabía que
era su almuerzo. Esa es otra historia, para otro día. De todos modos, después de unos
ocho meses y unos cuantos almuerzos quemados, se me ocurrió la idea de cocinar un subji
húmedo en la base y hervir el dahl y el arroz en el hornillo superior. Eso eliminó la
ansiedad del quemado porque el vegetal húmedo no se espesaba como el dahl.
Tras completar el masaje, Srila Prabhupada vertía una pequeña cantidad de aceite de
mostaza en la palma de su mano y lubricaba las partes de su cuerpo. Luego, caminaba al
cuarto de baño para bañarse. Esto me concedía 20 minutos para hacer lo siguiente.
Primero, disponía su dhoti, kurta y kaupina (ropa interior), prolijamente sobre su cama.
Abrochaba los dos botones inferiores de su kurta, para que Srila Prabhupada tuviera que
abrochar menos. Luego, corría a su sala de estar y preparaba su escritorio, para la
colocación del tilaka. Esto implicaba abrir su espejo, el cual era redondo como el de una
polvera compacta, con una pieza de marfil labrado en su borde. Seguidamente, me aseguraba
que su pequeño lota de plata (del tamaño de una pelota de golf) tuviera agua en su
interior. Había una cucharilla de plata colocada al lado del lota. Finalmente, colocaba
la bolita de tilaka en el centro de su escritorio.
Después de hacer esto, corría de vuelta a las habitaciones de servicio, para terminar de
preparar el almuerzo. Primero, retiraba la olla del hornillo. Preparé una gran chaunce,
parte de la cual fue vertida en el vegetal húmedo, en el quemador de abajo. Un poco en el
dahl ubicado en la parte superior, luego, algunos vegetales surtidos eran colocados en lo
que quedaba de la chaunce. Si había melón amargo disponible, hacía el sauté en ghi y
cúrcuma. Se preparaba otra chaunce para cocinar los restantes vegetales cortados.
Colocaba todas las preparaciones en las bandejas de Srila Prabhupada junto con el katori
de yogur y otro con dulces lácteos. Con el plato de Srila Prabhupada casi listo, era
entonces el momento de enrollar y cocinar un capati.
Con suerte, todo esto se hacía al mismo tiempo que Su Divina Gracia terminaba el mantra
Gayatri. A él no le importaba esperar unos minutos, pero yo temía que se prolongara
demasiado. Colocaba los platos en su choki, ofrecía reverencias y corría de vuelta a mi
habitación a cocinar otro capati. Después que él terminaba de tomar los capatis con su
almuerzo, disponía del arroz. Srila Prabhupada usualmente tomaba de 3 a 6 capatis con su
comida. Otras veces de 3 a 4 capatis. Disfrutaba lo que quedaba de su comida con arroz
caliente hervido.
Por favor, perdónenme por este punto. Empecé escribiendo otra historia, pero me atrapé
en la preparación del almuerzo de Srila Prabhupada. Era tan maravilloso el estar ocupado
activamente en cocinar para Ud., Srila Prabhupada. Ruego por convertirme en un cocinero
experto, como mi hermana espiritual Yamuna devi, para poder prepararle una comida suntuosa
vida tras vida.
Srila Prabhupada Uvaca 82
Mayo de 1973; Los Angeles, CA., EUA;
Nueva Dwarka
Srila Prabhupada hizo sonar su campanilla tarde, esta mañana. Al entrar
a su sala de estar y ofrecer reverencias, Srila Prabhupada me miró suavemente, diciendo,
"No me siento bien hoy, así que por favor para el almuerzo tráeme algo de kichari y
salsa de cuddy. Puedes hacer el kichari con dos partes de arroz, una parte de dahl y usar
un poquito de sal, cúrcuma y ghi. Eso será liviano y fácil de digerir". Yo dije,
"Está bien, Srila Prabhupada". Un ajuste dietético era la única forma de
enterarme que Srila Prabhupada estaba enfermo pues normalmente él no daba mucha
información sobre su salud. Ocasionalmente pedía el kichari cuando tenía un resfrío.
Regresé a mis habitaciones a preparar su comida. Coloqué un kichari en el nivel máximo
y agua en la parte inferior. Esta comida era mucho más simple que la normal, como
mencioné en el dato de ayer. Me sentía aliviado, sabiendo que no habría ocasión de que
se quemara durante el masaje, pero apenado porque Srila Prabhupada no se sentía bien.
Normalmente, yo era un cocinero consciente mientras daba el masaje a Srila Prabhupada,
debido a mi memoria recurrente de quemar su almuerzo dos veces en dos años. Dos veces,
eran demasiadas.
Regresé a su habitación tras implementar la cocina, y Srila Prabhupada se sentó en la
estera para el masaje. A veces, cuando estaba resfriado, me ordenaba que usara el aceite
de mostaza sobre todo su cuerpo. Normalmente hacía que friccionara su cabeza con aceite
de sándalo, pues tenía un efecto refrescante, pero hoy me ordenó que empleara solo
aceite de mostaza. Unos 15 minutos de masaje pasaron hasta que dijo, "Así pues he
decidido que no tomaré ningún almuerzo". Yo dije, "Está bien, Srila
Prabhupada", lamentando que se debería sentir bastante enfermo, mientras continuaba
friccionando su hermosa forma.
Pasó otra media hora y Srila Prabhupada dijo, "En realidad, pienso que tendré un
almuerzo regular". Yo dije, "Está bien, Srila Prabhupada",
momentáneamente aliviado con la idea que su salud estaba mejorando. Se quedó callado. De
pronto, me abrumó una gran ansiedad, al recordar que no había preparado nada excepto el
kichari. ¡Oh, no! Llevaría mucho tiempo el preparar todo el almuerzo. Estaba atemorizado
de decir algo, pero finalmente dije, "Prabhupada, no tengo nada listo. Me llevaría
un poco de tiempo". El dijo, "Tome el tiempo que tome, hazlo".
Cuando Srila Prabhupada fue a tomar su baño, fui a mis habitaciones y preparé su
almuerzo lo más rápida y bien que pude. Probablemente sentía más ansiedad de la
necesaria, pero así es como funciona mi mente febril. Me enorgullecí de mantenerme a la
altura de mi servicio regular, al eliminar problemas potenciales. Srila Prabhupada
aguardó graciosamente que completara su almuerzo sin ninguna queja. Tal parece que me
colocaba ante cambios como éste para enseñarme a ser más flexible. Mi servicio era
hacer lo que él deseaba, no lo que yo deseaba. Una vez, durante el masaje, me dijo,
"Tú sigue hasta que yo me canse, no hasta que tú te canses".
Srila Prabhupada, gracias por darme la oportunidad de centrarme en su contento mientras
realizaba mis deberes como su sirviente. Debido a mi naturaleza caída, a menudo olvido
que el servicio devocional significa complacerlo a Ud. personalmente, y así Krsna está
complacido. Por favor, continúe guiándome diariamente en su servicio personal,
enseñándome amor incondicional.
Srila Prabhupada Uvaca 83
11 de abril de 1975: Hyderabad, India
Hay tan solo unas pocas instancias que recuerde como muy difíciles para
estar en la misma habitación con Srila Prabhupada. Obviamente, uno puede imaginarse
fácilmente el anhelo por estar en la presencia de Su Divina Gracia las 24 horas del día,
mas tenemos que recordar que la presencia de los demás podía cambiar el clima alrededor
de Srila Prabhupada.
Hoy vino Devananda Maharaja a visitar a Srila Prabhupada, quien le dio iniciación;
también era un sannyasi. Había sido su sirviente personal por cierto tiempo, en 1970.
Actualmente no era miembro de ISKCON. Pidió ver a Srila Prabhupada y se le concedió el
darsana. Cuando llegó, Srila Prabhupada estaba sentado ante su escritorio. Brahmananda
Maharaja y yo estábamos con él. Devananda entró a la habitación con una túnica de
satén naranja brillante. Al entrar no ofreció reverencias. Su largo cabello y su barba
estaban enmarañados. Tenía una sonrisa muy extraña en el rostro. Comenzó a hablarle a
Srila Prabhupada de un modo tan peculiar que no podía entender nada de lo que estaba
diciendo. Mientras hablaba, movía sus manos como si estuviera haciendo alguna suerte de
mudra. Era una visión demasiado grotesca. Parecía que estaba muy intoxicado.
Srila Prabhupada toleró su insensatez por unos minutos. No hubo un intercambio de
conversación, pues Devananda era incoherente. Finalmente, su todo misericordioso maestro
espiritual, Srila Prabhupada, dijo, "Si quieres volver, haz como él". Señaló
a Brahmananda Maharaja y continuó. Te afeitas la cabeza y la cara, te pones un dhoti y
entonces está todo bien. Puedes volver".
Devananda comenzó a agitar sus brazos, nuevamente y dijo, "No, no es por eso que
estoy aquí". Continuó moviendo su cuerpo mientras hablaba tonterías. Srila
Prabhupada había tenido suficiente. Gritó, "Vete". Al mismo tiempo, él
comenzó a sacudirse de ira. Brahmananda Maharaja lo aferró y lo escoltó a la fuerza,
sacándolo de la habitación. Srila Prabhupada estaba furioso. Yo me sentía como si
hubiera sido golpeado por un rayo, aunque la ira de Srila Prabhupada no estaba dirigida a
mí directamente. Tan solo estar cerca asustaba. Si hubiera podido desaparecer, era el
momento de hacerlo. Es difícil describir la potencia espiritual generada por la ira de
Srila Prabhupada. Su total consagración a sus discípulos, fue obvia a partir de este
encuentro.
Fue una de las experiencias más difíciles que pasé con Srila Prabhupada. Era
sorprendente como él había tolerado ese comportamiento grotesco y le hubiera ofrecido
aceptarlo nuevamente como discípulo, pese a que era aparente que Devananda se había
alejado mucho del sendero de Conciencia de Krishna y había cruzado el umbral de la
cordura para entrar en el meollo de la locura. Cuando Su Divina Gracia notó que él no
estaba interesado en aceptar instrucción, misericordiosamente lo echó antes de que
cometiera más ofensas.
Srila Prabhupada, le ruego me proteja de mí mismo. No quisiera nunca hacer nada que lo
enoje tanto. El mayor peligro es perder el amparo de sus pies de loto. Aquí estaba mi
hermano espiritual mayor, apresado en la ilusión, flotando en la modalidad de la
ignorancia, ahogado en el cenagal del ego falso. Por su potencia, Ud. lo había elevado a
un alto puesto, por su gracia él había logrado un buen nivel de servicio siendo un
sannyasi. Incluso si Ud. estaba con nosotros algunos de sus discípulos se ilusionaban,
pensando que debían ir a alguna otra parte para hallar la perfección. El resultado de su
desviación era aparentemente desastroso.
La perfección para mí es sentarme en mis habitaciones de servicio y esperar que Ud.
suene la campanilla. Ruego por responder a su llamado, corriendo a su habitación, ofrecer
reverencias y contemplar sus pies de loto que sobresalen del escritorio.
PD: Lamentamos enterarnos que Devananda murió de hambre, voluntariamente en una cueva en
India del Sur.
Srila Prabhupada Uvaca 84
13 de abril de 1973; Los Angeles, CA, EUA.;
ISKCON Nueva Dwarka
Ciertos servicios eran especialmente extáticos. Caminar detrás de Su
Divina Gracia al salir del aeropuerto y entrar al edificio de la terminal, era
definitivamente una de las experiencias más asombrosas. Habían pasado 8 meses desde que
Srila Prabhupada estaba ausente de los Estados Unidos. Era maravillosa la forma en que se
preparaba para su gran entrada. Como mencionara antes, cuando el 'ajusten su cinturón de
seguridad' se encendía, él usualmente se levantaba de su asiento, iba al baño y se
colocaba el tilaka. Yo lo acompañaba, esperando afuera de la puerta del baño. El camino
de regreso a nuestros asientos podía ser excitante si el avión se movía debido a
turbulencias o trepidaba para aterrizar. Si una azafata trataba de detenerlo, el las
ignoraba, como si nunca las hubiera oído. Al volver a su asiento, se colgaba del cuello
su bolsita de cuentas, con mucho cuidado. Cuando el avión aterrizaba, se colocaba una
guirnalda de flores. Si había otras, se las daba a cada persona del grupo.
Al dejar el avión y entrar al corredor, podía oírse el canto de la parte posterior. Se
hacía cada vez más alto mientras entrábamos al salón. La sonrisa de Srila Prabhupada
se hacía asimismo más amplia al acercarse a sus amados discípulos. Hoy había varios
cientos en el aeropuerto, mientras Srila Prabhupada caminaba en la terminal. Ellos eran
ajenos a todos y a todo lo que pasaba a su alrededor, excepto por su glorioso maestro
espiritual. No estoy calificado para describir los sentimientos de mis hermanos y hermanas
espirituales, pues nunca he sido tan afortunado como para tener una emoción amorosa tan
fuerte por Srila Prabhupada. Era evidente para todos en el aeropuerto, que los devotos
sentían bienaventuranza trascendental. La reciprocidad amorosa entre Srila Prabhupada y
sus discípulos era muy fácilmente percibida en el lila del aeropuerto. Por varios
minutos, parecía que nadie tocaba el suelo. Torrentes de lágrimas extáticas fluían
libres en todos, excepto en un alma caída, yo.
Al llegar a las instalaciones de Srila Prabhupada, al mediodía, me preparé
inmediatamente para su masaje. Durante el mismo, mi mente estuvo muy perturbada. No podía
liberarme de la pena de pensar que todos amaban tanto a su guru, todos menos yo. Era un
falsario, un impostor. Finalmente tomé coraje para hablar, mientras friccionaba la
espalda de Srila Prabhupada. No tenía que mirarlo cara a cara, "Srila Prabhupada,
todos sus discípulos lo aman muchísimo, lo cual me hace sentir muy mal conmigo mismo,
pues yo no tengo un amor tan intenso. Cuando estoy con Ud. en un aeropuerto, veo a todos
cantando, bailando y gritando. Y yo, a pesar de tener tanta asociación con Ud., no siento
ese amor abrumador que sienten ellos".
Tenía la esperanza que él diría algo para aliviar mi mente. Se quedó callado.
Atormentado, terminé con el masaje y regresé a mi habitación para finalizar la
preparación de su almuerzo. Luego que cantó el mantra Gayatri, me llamó a su
habitación. Al entrar, ofrecí reverencias y lo miré con mucho interés, porque él
tenía una mirada muy seria. Dijo, "¿De modo que no te gusta servirme?". Yo
repliqué, "Oh, sí, Prabhupada. Me gusta mucho servirlo". El continuó,
"Bueno, eso es amor. Todos pueden hacer muchas cosas... cantar...bailar, saltar de
arriba hacia abajo. Pero tú estás haciendo algo concretamente. ¿Acaso eso no es
amor?". Yo dije, "Creo que sí, Srila Prabhupada". El dijo, "Bueno,
tú limítate a hacer tu servicio. Solo es necesario eso. Eso es lo que el amor significa.
Hacer servicio".
Srila Prabhupada, Ud. siempre ha sido muy compasivo con este alma caída. Ud. me alentó a
lo largo de los años, aunque yo no he sido capaz de concederle un lugar en mi corazón.
Hoy, como ayer, veo que muchos de sus discípulos tienen mucho amor por Ud. y yo no. Pese
a mi carencia, Ud. me permitió el servicio íntimo de describir su asombrosa gracia sobre
este miserable desagradecido. Qué ironía, que entre todos sus discípulos, me hubiera
escogido a mí, un sapo disecado, para describir su jugoso lila. Oro porque algún día me
califique para saborear una gota del océano misericordioso del amor de Dios, para poder
cantar y bailar como sus amados discípulos.
Srila Prabhupada Uvaca 85
Julio de 1973: Calcuta, India;
ISKCON Calcuta
Conocí a Bhavatarini, la hermana de Srila Prabhupada, durante su visita
al templo de Calcuta. De ahí en adelante, ella fue siempre conocida como 'Pisima', que
creo que significa hermana. Era increíble, unas pulgadas más baja y un poquito más
gruesa que Srila Prabhupada, pero su cara, era Prabhupada en femenino. Toda vez que ella
venía al templo, traía dulces y se los daba a su hermano mayor, Srila Prabhupada, y
luego los distribuía a todos los devotos del templo. Ella amaba tener la asociación de
Srila Prabhupada y pasaba la mayor cantidad de tiempo posible con él.
A mí me era imposible entender sus charlas, puesto que no entendía bengalí, pero a
veces Su Divina Gracia describía algunos detalles. Era evidente que ella amaba mucho a su
hermano, no meramente a un nivel material. Ella podía aprehender su excelsa posición
espiritual también. A menudo le cocinaba, lo cual era una fuente de gran ansiedad para
sus discípulos, porque ella usaba aceite de mostaza en su cocina, que según Srila
Prabhupada, "...es difícil de digerir". Una vez, cuando se le preguntó sobre
ese método, ella respondió, "El puede digerir uñas si quiere".
Un día, mientras estaba masajeando a Srila Prabhupada antes del almuerzo, él me dijo,
"¿Conoces alguna persona que sea gorda y no coma?". Yo dije, "No, Srila
Prabhupada. No conozco ninguna. ¿Se refiere a su hermana?". El rió con ganas y
dijo, "¡Sí! Ella me dice que come poquito, pero sigue aumentando de peso. Tú no
conoces a nadie que aumente de peso sin comer, ¿no?". Riendo entre dientes dije,
"No, Srila Prabhupada, no creo que sea posible aumentar de peso sin comer".
Ahora nos reíamos los dos. El dijo, "¡Sí! Yo tampoco lo creo. Pienso que tu
conclusión es correcta. Ella tiene que estar comiendo mucho. Ella me dice que no come,
pero yo sé que lo hace".
Continuó, "Se me queja de la salud, que no se siente muy bien. Yo le dije, 'Estás
muy gorda. ¿Cómo puedes estar sana?". Ella dijo, "No lo sé, apenas si como.
No sé porqué estoy tan gorda'." Continué friccionando a Srila Prabhupada, notando
nuevamente lo cómodo que se sentía con su familia cerca, y en su ciudad natal. Yo estaba
muy agradecido de poder asociarme con Srila Prabhupada en momentos tan íntimos. Podía
notar su interés por la salud de su hermana, pues él nos ha dicho que la enfermedad
viene de la ansiedad, la falta de limpieza o el comer demasiado.<
Esa noche, Srila Prabhupada concedió darsana a sus discípulos. Pisima también estaba en
la habitación. A ella no le preocupaba no entender la conversación. Ella disfrutaba
estando con él, tanto como fuera posible, porque ella ama incondicionalmente a su hermano
querido. Cuán elevada y afortunada es por tener un amor y cariño natural por Srila
Prabhupada. De pronto, Srila Prabhupada dijo sonriendo, "Mírenla, sentada allí.
Mírenla, qué gorda está". Todos comenzaron a reír con ganas, incluyendo a Srila
Prabhupada y a Pisima. El continuó burlándose de ella de un modo muy pícaro e infantil.
"Qué gorda está, mírenla, lo gorda que es. Ella dice que no come, pero igual se
pone gorda". La habitación se colmó de risas. Pisima disfrutaba viendo reír a
todos, no dándose cuenta que su hermano mayor estaba bromeando sobre ella. Srila
Prabhupada disfrutaba de su broma, compartida por sus discípulos. Fue un momento inusual
y maravilloso para todos.
Srila Prabhupada, el verlo en ese lila feliz y despreocupado, fue néctar puro. Espero que
en alguna vida distante Ud. derrame tanta misericordia sobre mí que pueda yo hacer asomar
una sonrisa en su cara, riéndose de mis tontas expresiones. En esta condición caída, la
única emoción que le provoco es un interés compasivo o desconcierto, debido a mi
incapacidad para seguir sus instrucciones con atención, como debe ser.
Srila Prabhupada Uvaca 86
Septiembre de 1974; Vrindavana, India;
Krishna Balarama Mandir
Srila Prabhupada se quedó en Vrndavana por un período de seis semanas.
Durante ese tiempo, estuvo muy enfermo. Se hacía un kirtana de 24 horas en los templos de
todo el mundo, cuando era posible. Su hermana Pisima también se quedaba en el templo de
Vrndavana, todo el tiempo que podía. Estaba preocupada y quería ver a su hermano lo más
a menudo posible.
Uno de mis deberes era minimizar esto tanto como fuera posible. No era un servicio
sencillo ni grato. No era casualidad que Pisima (que significa tía) tuviera una poderosa
determinación, similar a la de Srila Prabhupada. Ella nunca me escuchó. De hecho, se
sorprendía y enojaba conmigo. Se las ingeniaba para andar por ahí y deslizarse en su
habitación sin que nadie se diera cuenta.
El me llamó a su habitación después de una de esas visitas. El dijo, "Yo soy un
sannyasi. No es bueno que ella esté en la habitación cuando no hay nadie presente.
Aunque sea mi hermana... Porque es mi hermana, ella no lo puede entender. No puedo tener a
ninguna mujer en la habitación conmigo, aunque se trate de mi hermana".
Una tarde, entré a las habitaciones de servicio, también a mi dormitorio, y ella estaba
durmiendo en mi cama. Me sorprendí mucho. Dí un giro de 180º y corrí a la habitación
de Srila Prabhupada; él estaba sentado ante su escritorio. Ofrecí reverencias y con una
mirada de ansiedad en el rostro, dije, "Prabhupada, su hermana está durmiendo en mi
cama. No sé que hacer". El dijo, "No puede hacerlo. ¡Díselo! Se le debe
informar que no puede hacer esas cosas. No es bueno. Ellos van a hablar". (En este
caso, Srila Prabhupada se refiere a los sannyasis de la zona, los gosvamis de casta y sus
hermanos espirituales, que podían estar buscando un motivo para criticar a nuestro amado
Gurudeva. Srila Prabhupada siempre ha dicho que aquí en Vrndavana todo debía ser de
primera clase, o no seríamos tomados en serio. Como siempre, siendo el acarya, sentaba el
ejemplo para nosotros). Continuó, "No es bueno que ella pase tanto tiempo de ese
modo". Yo repliqué ansiosamente, "Prabhupada, yo no le puedo decir nada. Ella
no me escuchará. Ella solo lo escucha a Ud."
Habló con ella ese día por un rato. No sé qué se dijeron pero sí sé que cuando fui a
las habitaciones de servicio al día siguiente, entré a mi habitación y allí estaba
ella, durmiendo muy audiblemente. Abandoné, salí de allí y encontré un sitio en otra
parte de la habitación de Srila Prabhupada. Ella sabía que su hermano era trascendental
y a ella no le preocupaba lo que los demás pensaran respecto a que ella era una mujer.-
Ella era su hermana. Su resolución de estar cerca de su hermano, el devoto puro, era
mucho mayor que mi habilidad para detenerla. Ella haría lo que fuese para tener la
asociación de Srila Prabhupada. Se lo mencioné a él más tarde, y dijo compasivamente,
"Ella es mi hermana, quiere estar cerca mío". Satsvarupa Maharaja me dijo en
1977, que Srila Prabhupada le pidió perdón a ella por sus ofensas. El dijo, "Debes
haber venido a verme a veces y mis discípulos no te dejaron pasar".
Ruego el perdón de Bhavatarini, hacia quien cometí tantas ofensas por tratar de cumplir
con lo que pensaba era mi servicio. Ruego que en el futuro mi amor por Srila Prabhupada
crezca hasta el grado en que su hermana lo exhibió. Merced a esa determinación ella pudo
ser la hermana menor de Srila Prabhupada y asistirlo en todas sus vidas. Ruego tener el
mismo deseo de Bhavatarini de servir a los pies de loto de Srila Prabhupada, vida tras
vida.
Srila Prabhupada Uvaca 87
Marzo de 1975; Mayapura, India;
Mayapur Candrodaya Mandir
Viajando con Srila Prabhupada ocurren muchas aventuras diarias
agradables. Fluía tanto néctar de las actividades reguladas de servir en persona a
nuestro glorioso Gurudeva. Quién podría imaginarlo, cocinar, dar masajes y atender a Su
Divina Gracia, pero la joya cumbre de la intimidad sucedía cuando Su Divina Gracia
exhibía síntomas extáticos. Era el más raro de los tesoros. Estos eventos
excepcionales ocurrían invariablemente cuando Srila Prabhupada se sentaba en su
vyasasana, en la sala del templo, durante sus clases. Los más ampliamente conocidos,
sucedieron aquí durante el 'Festival de Mayapur'.
Había cientos de devotos congregados en la sala del templo, mientras Srila Prabhupada
hablaba. De pronto, se detuvo y se quedó en silencio, con los ojos cerrados. Todos en la
habitación se quedaron quietos, no deseando perturbarlo. No se movía ni un alfiler, no
respirábamos alto. Esto siguió por unos momentos. Centenares de devotos estaban
transfigurados por el éxtasis de Su Divina Gracia, transportados todos en su arrebato.
Nuestras mentes rebosaban de bienaventuranza anticipada. Srila Prabhupada nos llevó a
todos a otro reino.
Súbitamente,un sannyasi líder de kirtana, cerca de la vyasasana, comenzó a cantar
sonoramente, "Nama om visnu-padaya...". Me sentí sacudido desde el reino
celestial. De a poco, los devotos reacios comenzaron a unirse al kirtana. Pronto Srila
Prabhupada recuperó su conciencia externa y se unió a sus discípulos en el kirtana.
Después del kirtana, hubo muchos desacuerdos entre los devotos. Algunos criticaron al
sannyasi, diciendo, "¿Cómo pudo haber hecho eso?. Srila Prabhupada estaba en
éxtasis. Nadie más cantaba. Había que haberlo detenido". El replicó, "Oh, yo
pensé que debía cantar. Parecía lo único justo en ese momento". En ese tiempo,
Brahmananda Maharaja era el secretario de Srila Prabhupada. Trataba de mediar en esta
cuestión, pero nadie llegaba a una conclusión, de modo que decidió llevarle el tema a
Srila Prabhupada.
Fuimos esa tarde a la habitación de Srila Prabhupada. Brahmananda Maharaja dijo,
"Srila Prabhupada, ¿recuerda que en la clase Ud. dejó de hablar y entró en
éxtasis?". Antes de que pudiera continuar, Srila Prabhupada respondió con una voz
dulcísima, que sonaba un poquito turbada, "No hago eso a menudo". Comprendiendo
la humildad de Srila Prabhupada, Brahmananda continuó, "No, Prabhupada, pero cuando
suceda, ¿qué debemos hacer? ¿Debemos quedarnos sentados, Srila Prabhupada, o debemos
cantar japa?" Srila Prabhupada dijo, "Sí, canten. Canten Hare Krishna.
¿Porqué agrandan tanto esto? Canten Hare Krishna. Eso está bien".
Como siempre, no hay forma en que pueda describir la manera en que habló Srila
Prabhupada. Cuando él dijo, 'No lo hago muy a menudo', fue la voz más inocente que
hubiera yo escuchado jamás en la vida. La gracia y gentil humildad que exhibió fue
maravillosa. Se estaba disculpando por exhibir los síntomas de un devoto puro. A mí me
parecía que Srila Prabhupada se turbaba al exponernos su éxtasis.
Una de las cosas más maravillosas sobre Su Divina Gracia, era la forma en que siempre nos
hacía sentir, si tan solo seguíamos el proceso de Conciencia de Krishna, luego, se
podía avanzar a la etapa perfecta, sin dificultad. Me daba la impresión que él no
quería desalentarnos mostrándonos cuán especial él era, haciéndonos pensar, por
consiguiente, que la Conciencia de Krishna era demasiado dura para los neófitos. El
siempre hablaba de sí mismo en plural, "Somos el sirviente de Krsna". Srila
Prabhupada nos incluía. Así como nos transportó en ese día especial, él continúa
llevándonos 'De Vuelta al Hogar, de Vuelta con Dios'.
Srila Prabhupada, gracias por el atisbo en su éxtasis privado. Hubiera saboreado la
oportunidad de sentarme a sus pies en esa sala del templo, por horas. Sólo me cabe
imaginar dónde estaba. Me enorgullece mucho saber que Ud. es la personalidad máxima
dentro de estos tres mundos. Y de todos modos, Ud. habla tímidamente, revelando un
vislumbre de su éxtasis. Ruego por la oportunidad de oír esa dulce voz una y otra vez.
Srila Prabhupada Uvaca 88
Calcuta, India; ISKCON Calcuta
Ayer mencioné la manera gentil con que Srila Prabhupada siempre
nos alentaba, para que el proceso de Conciencia de Krishna pareciera sencillo. El hablaba
de un modo sumamente humilde. Nos enseñaba que si él podía ser Consciente de Krsna,
nosotros también podíamos.
Una vez, un sannyasi le confió a Srila Prabhupada que estaba teniendo problemas, debido
al apego por su esposa. Srila Prabhupada dijo, "Incluso anoche, tuve un sueño con mi
esposa. El apego es tan fuerte que aunque estoy separado desde hace años, aún así,
anoche soñé con mi esposa. Por consiguiente existe el mandato. No se puede volver a ver
a la esposa después de tomar sannyasa. No se la puede volver a ver, porque por solo
verla, vienen muchos pensamientos a la mente":
Un poco después, en Calcuta, habló con humor sobre el apego entre hombres y mujeres.
Dijo, "Las mujeres se comparan con el fuego y los hombres con la manteca. Por eso,
nuestros sannyasis debieran estamparse en la frente, 'manténgase en lugar frío'. Tal
como dice en el envoltorio de la manteca. Es por eso que nuestros sannyasis debieran
tenerlo estampado en su frente. Eso los protegerá del peligro".
Nuestro Guru-Deva nos ocupa en el servicio de Krsna, comprendiendo la condición degradada
de la que nos rescató heroicamente y que nos está conduciendo 'De Vuelta al Supremo'.
Mayo de 1971; Los Angeles, California
ISKCON Nueva Dvarka
Esta mañana, Srila Prabhupada salió a caminar por la playa.
Iban en el grupo Kirtanananda Swami, Kuladri, un joven bhakta de 17 años y yo. Durante el
paseo, el bhakta señaló un gran cangrejo que se escurría por la arena. Se detuvo para
mirarlo y el resto de nosotros siguió caminando. El siempre observador Srila Prabhupada
dijo, "Este chico está muy apegado a las cosas materiales. Este poquito se convierte
en una bola de nieve. Primero las pequeñas cosas, y luego las cosas grandes". El
paseo continuó con el muchacho alcanzándonos al cabo de un minuto. Nadie mencionó el
incidente al joven bhakta. Al llegar a Nueva Vrndavana una semana después, el muchacho se
fue del templo y no fue vuelto a ver, tal como Srila Prabhupada había anunciado.
Srila Prabhupada, por favor, estampe en mi frente las palabras, 'Fijo a los pies de loto
de Jagat Guru'. Sin su guía, caminaré con los cangrejos.
S.S, Srutakirti dasa
Srila Prabhupada Uvaca 89
7 de septiembre de 1972; Moundsville, WV, EUA;
Nueva Vrindavana
La noche antes de ser el siervo personal de Srila Prabhupada
Srila Prabhupada ha estado aquí por toda una semana, y todo lo que he
visto ha sido el interior de la cocina de Bahulavana. He estado sumamente envidioso de mis
hermanos y hermanas espirituales que han estado yendo a la colina a ver a Srila Prabhupada
y a oírlo hablar cada día. Yo he estado cocinando para cientos de devotos, desde las
3.30 a.m. hasta las 9.00 p.m. Han venido todos a ver a Srila Prabhupada durante el
festival anual de Janmastami. Yo no he tenido tiempo de cantar mis rondas, en
consecuencia, estoy afligido. Mi apego por tener la asociación personal de Srila
Prabhupada, creció mientras visitó Los Angeles y leía 'El Libro de Krishna' en su
jardín, pero ahora mi auto-compasión ha crecido.
Eran alrededor de las 8-9 de la noche, y me lamentaba de mi mala fortuna cuando
Kirtanananda Maharaja entró a la cocina y con una enorme sonrisa en la cara dijo,
"¿Adivina qué? Vas a ser el sirviente personal de Prabhupada. Partirás con él
mañana a Pittsburgh". Me quedé sin habla, extático y muy nervioso. Sucedió tan
rápido que no tuve tiempo de pensarlo siquiera. Estaba extáticamente agotado.
Alrededor de las 6.00 a.m., Kirtanananda Swami me llevó a Madhuvana, una pequeña granja
de un piso, donde estaba Srila Prabhupada. Aún me hallaba en estado de shock, incapaz de
sentir nervios cuando entramos a la salita, y ofrecí reverencias. K.Swami dijo,
"Este es Srutakirti, Srila Prabhupada. Cocina muy bien". Srila Prabhupada
sonrió y dijo, "Eso es muy bueno". K.Swami continuó, "Pero no sabe cómo
dar masajes". Srila Prabhupada dijo, "Está bien. Cualquiera puede dar masajes.
Es muy sencillo".
Luego Srila Prabhupada tomó un lota de su escritorio y dijo con una voz profunda,
"OK. Ven conmigo". Salió por la puerta de entrada a la granja y caminó hasta
el borde de la acera. Se detuvo por un momento y me dijo, "Está bien. Espera
aquí". Srila Prabhupada caminó otros 50 pies por una zona boscosa. Tras unos
minutos, regresó a la acera donde yo estaba parado de acuerdo a sus instrucciones.
Mientras caminábamos me entregó el lota y dijo, "Está bien, lava esto con un poco
de barro y agua". Luego, caminó de regreso a la granja.
Fue maravillosa la forma en que me trató esa mañana. No hubo 'cháchara', 'por favor', o
'gracias'. De inmediato me hizo saber cual era mi posición, ser su sirviente doméstico,
asistirlo en lo que fuera que quisiera, atendiendo sus necesidades corporales. Yo me
sentía completamente bendito al conocer mi servicio. No tenía el talento para hacer nada
que requiriera inteligencia, de modo que este servicio era ideal para mí. Se me había
concedido el servicio más maravilloso, de cuidar del cuerpo trascendental del servidor de
Dios.
Este era el primer día de mi vida. Pude entender por primera vez para qué estaban
creados mi cuerpo y mi mente. Lamentablemente, debido a mi desasosiego juvenil y mi
incapacidad para adoptar el proceso de CK sinceramente, perdí mi servicio al cabo de
pocos años. Ahora, con gran culpa, pido al Señor Supremo Krishna que por favor me brinde
otra oportunidad de servir a mi padre espiritual.
Srila Prabhupada, sin Ud. me siento solo y perdido. No sé que hacer conmigo mismo. Es muy
penoso. Cuando no pienso en Ud., amado maestro espiritual, no hay razón para vivir.
Cuando lo recuerdo, Srila Prabhupada, hay mucho dolor, al reconocer que he desperdiciado
mi vida en la gratificación inútil de los sentidos. Srila Prabhupada, pude haber estado
con Ud., limpiando su lota.
Srila Prabhupada Uvaca 90
Enero de 1973; Bombay, India;
Piso de Mahadevia
Srila Prabhupada habló durante una semana en un programa de pandal
arreglado por los devotos. Asistieron miles de personas. En un gran escenario de unos 4
pies de alto, se hallaban las Deidades Radha Krsna. Después del programa pandala, Ellas
fueron instaladas en Bhaktivedanta Manor. Srila Prabhupada se sentó en su vyasasana en el
escenario, con los discípulos reunidos a sus pies.
Fue una semana muy movida. Una noche, se encendió un fuego eléctrico delante del altar
de las Deidades. El fuego se diseminó rápidamente, pero por suerte fue apagado de
inmediato. Cada día llegaban más devotos de modo que en el último día del programa,
había una concurrencia de varias docenas de discípulos de Srila Prabhupada. Nosotros,
los occidentales, no podíamos entender las clases, porque se hablaban en hindi, pero era
evidente por los grupos entusiastas de asistentes, que Srila Prabhupada animaba a todos.
El último día fue especialmente maravilloso. Luego que Srila Prabhupada finalizara su
clase, hizo una señal y dijo, "Está bien, el kirtana". Acyutananda Swami,
sentado ante un micrófono, con una mrdanga en la mano, comenzó a liderar el canto. En
unos minutos más, Srila Prabhupada descendió de su vyasasana y comenzó a circumbalar
las Deidades. Dio toda la vuelta una vez, giró y se postró delante de Sri Sri Radha
Krishna. Todos los devotos comenzaron a seguir a Su Divina Gracia, mientras él daba una
segunda vuelta. El palmeaba sus manos y sonreía mientras caminaba alrededor del inestable
escenario por segunda vez, nuevamente girando y postrándose ante Sus Señorías. El
kirtana se volvía más extático a cada segundo. Todos se encantaron siguiendo a Srila
Prabhupada, mientras nuestros ojos bebían el néctar de su éxtasis.
Caminó majestuosamente alrededor de Sus Señorías una vez más, completando su tercera
vez. Se inclinó de nuevo ante el Señor Supremo y Su potencia de placer, girando para
mirar a la multitud. Al girar, alzó sus brazos al cielo. Nos bendijo a todos con la mayor
sonrisa que jamás haya visto. Mientras danzaba, saltando en el kirtana, nos llevó a
todos de inmediato al reino espiritual. Era asombroso ver cómo Srila Prabhupada nos
controlaba con el movimiento de sus brazos. Cuando los alzaba en el aire, éramos
atrapados en el éxtasis. El kirtana estaba fuera de este mundo.
La danza en la plataforma de madera de las docenas de devotos, era tan salvaje que el
escenario comenzó a sacudirse. Sus Señorías comenzaron a moverse en el altar, hacia
adelante y atrás, como si Se estuvieran uniendo a su devoto puro en su éxtasis. Otro
devoto y yo fuimos detrás del altar y sostuvimos a las Deidades por Sus bases. Srila
Prabhupada lo notó y dejó de bailar. Luego que terminara el kirtana, Srila Prabhupada y
yo entramos a la parte trasera de un Ambassador, para encaminarnos al piso de Kartikeya
Mahadevia, donde paraba Srila Prabhupada. Con una sonrisa trascendental, el dijo,
"¿Así que el pandala estuvo muy lindo?". Aún abrumado con el éxtasis, por la
misericordia de mi maestro espiritual, dije, "Prabhupada, fue realmente maravilloso.
Cuando Ud. baila, de inmediato todos entran en éxtasis". El respondió,
"¡Sí!. En realidad, pude haber seguido bailando, pero observé que las Deidades
estaban en peligro, de modo que me detuve. Si no, hubiera seguido bailando".
Srila Prabhupada, gracias por brindarme la oportunidad de ser testigo de su potencia
espiritual.
Fue evidente a partir de la charla en el automóvil, que Ud. disfrutaba distribuyendo la
misericordia a todos los presentes. Supe que era la entidad viviente más afortunada sobre
el planeta, al poder sentarme a su lado en el automóvil. Por favor, alce sus brazos sobre
mí una vez más, para que yo baile de acuerdo a su deseo.
Srila Prabhupada Uvaca 91
20 de febrero de 1973; Auckland, Nueva Zelandia;
ISKCON Nueva Zelandia
Antes de que Srila Prabhupada llegara al templo de Nueva Zelandia, Siddha
Svarupa y Tusta Krishna Maharaja, trasladaron a los devotos fuera del templo, para que
Srila Prabhupada pudiera disfrutar de una pacífica estadía. Fue algo interesante e
inusual de realizar, pero le permitió a Srila Prabhupada la oportunidad de hacer una
visita en calma.
Esta noche, Srila Prabhupada me pidió que preparara puris y subjis. Mientras preparaba su
comida, realicé que no tenía nada de dulce de leche para poner en su plato. En el templo
no se adoraba a la Deidad, de modo que tampoco podía conseguir maha prasadam para su
plato. No había tenido tiempo de preparar nada de sandesa, puesto que habíamos llegado
el día anterior. Llevé los puris, el subji y la leche caliente a la habitación de Srila
Prabhupada y los coloqué en su mesa, ofreciendo reverencias. Siddha Svarupa y Tusta
Krishna Maharaja estuvieron con él mientras tomaba el prasadam, lo cual era una gran
bendición porque no era algo que Srila Prabhupada hiciera a menudo. El usualmente honraba
el prasadam en privado.
Salí de la habitación y volví a la cocina para enrollar y freír más puris. Corrí de
vuelta a mi maestro espiritual con dos puris frescos, colocándolos en su plato antes de
ofrecer mis humildes reverencias. Srila Prabhupada me miró inquisitivamente y dijo,
"¿No hay dulce?". Repliqué, "No, Prabhupada. Todavía no lo hice".
Srila Prabhupada realizando misericordiosamente la situación, dijo, "Oh, está bien,
tráeme un poco de azúcar". Regresé a la cocina y llené un recipiente con azúcar
blanca. Volví a su sala de estar y coloqué el recipiente en su plato. Tomó un puri, lo
remojó en el bowl de azúcar y mordió un poquito. Lo hizo unas cuantas veces. Se podía
oír el sonido de su 'crunch' mientras masticaba con entusiasmo. Se detuvo por un momento
y cantó, 'luci cini sarpuri laddhu rasabali' y continuó diciendo, "Esta es una
combinación muy buena. Es muy sabrosa".
Mientras comía la 'muy sabrosa combinación', ambos sannyasis miraban totalmente
estupefactos. Oh, sí, olvidé mencionar que ninguno de estos discípulos Maharajas
comería nada que contuviera siquiera una pizca de azúcar, qué decir de comer la
horripilante sustancia directamente en su forma 'impura'. Era tan solo otra de las
maravillosas cualidades de Srila Prabhupada. El siempre parecía saber exactamente la
forma de sorprender y sacudir a sus discípulos, dándoles la oportunidad de entender su
posición sumamente trascendental.
Una vez, mientras Srila Prabhupada estaba en Nueva Dvarka, hizo un viaje de un día al
templo de Laguna Beach. Eran unas dos horas de viaje por auto. A la noche, pidió un poco
de leche caliente. En este templo sí se hacía la adoración de la Deidad, pero no pude
hallar azúcar en la cocina del templo, de modo que endulcé la leche con miel. En
ocasiones Srila Prabhupada había pedido se le endulzara su leche con miel, pero esta
noche cuando le llevé la leche caliente, la probó y de inmediato quiso saber,
"¿Porqué no está endulzado con azúcar?". -Le dije, "No tienen nada de
azúcar en el templo". El replicó enojado, "¿Cómo puede ser?". Le
expliqué, "algunos devotos opinan que el azúcar blanco no es saludable y que es
mejor evitarla". El dijo, "Qué bien. Si no quieren comer azúcar, que no lo
hagan, pero a Krishna le gusta mucho el azúcar. Eso es una tontería. Deben usar azúcar
cuando hacen preparaciones para las Deidades".
Srila Prabhupada, Ud. es sorprendente. Dondequiera fuera, rápidamente cortaba toda la
insensatez creativa inventada por sus discípulos. Ud. no necesitaba de una red de
espionaje para saber lo que estaba pasando. Krishna era su espía y El le daba toda la
información necesaria, para que Ud. pudiera establecer el sendero apropiado para sus
hijos tontos. He saboreado incontables oportunidades en las que Ud. exhibió habilidades
psíquicas, a veces con humor y otras veces seriamente. A menudo los devotos le
preguntaban si Ud. exhibía algunos poderes yóguicos. Le he visto exhibirlos
constantemente, leyendo la mente de sus discípulos y alternando con ellos conforme. Muy a
menudo fue para mi desconcierto apreciativo y gozoso. Por favor, Srila Prabhupada,
concédame siempre su asociación, morando en mi corazón. Ud. sabe que no tengo
cualificación, pero sé cuán misericordioso es. Al fin y al cabo, Ud. me permitió
asociarme personalmente con Ud.
Srila Prabhupada Uvaca 92
Junio de 1973; Mayapura, India;
ISKCON, Mayapura Candrodaya Mandir
En Mayapur, Srila Prabhupada vivía en dos habitaciones. Una era su sala
de estar, donde traducía y recibía a los invitados. La de al lado, era su dormitorio,
pero también la usaba para honrar el prasadam, de modo que había una mesita de mármol
(choki) para el prasadam, colocada contra la pared, a la derecha de su cama.
Por lo general, en Junio hace mucho calor, de modo que cuando Srila Prabhupada tomaba el
almuerzo, a veces yo lo abanicaba con un abanico de plumas de pavo real. No sólo creaba
brisa sino que alejaba a las moscas. Sin embargo, cuando Srila Prabhupada almorzó, de
inmediato lo supieron todos los moradores. Ellos siempre tenían mensajeros corriendo por
las paredes y en unos minutos, tras poner su plato en la mesa, llamaban a los batallones.
Una vez en Los Angeles, Srila Prabhupada me dijo que pusiera un poco de cúrcuma debajo de
los puntos donde entraban. En Los Angeles funcionó. Supongo que esas hormigas eran más
materialistas. Las hormigas de Mayapur no podían ser detenidas. Obviamente, eran
entidades espirituales y no serían desanimadas de tomar los remanentes de maha prasadam
del plato del devoto puro.
Observé cientos de hormigas subir por la pata del choki, rodeando su plato para
finalmente descender sobre el prasadam. Parecían saber exactamente cuando se les
permitía una determinada preparación. Srila Prabhupada solía comer en etapas. Primero,
los vegetales y capatis, el arroz era mezclado después y finalmente comía los dulces. Al
principio, ellas se congregaban alrededor del plato. Gradualmente se abrían paso hasta
las preparaciones que Srila Prabhupada había terminado. Parecía que las hormigas eran
corteses. Finalmente, Srila Prabhupada terminaba su comida con unos pocos dulces y se
levantaba para lavarse. Había llegado para las hormigas el momento tan esperado. Ellas
sabían que ese era el momento para sumergirse en los dulces. Increíblemente, Srila
Prabhupada nunca dijo una palabra sobre ellas durante este ataque diario a su almuerzo.
Este no fue un incidente aislado. Sucedía con regularidad. Tal parecía que había un
arreglo entre el devoto puro y estos insignificantes insectos. El disponía de todo el
tiempo que quisiera y luego a ellas se les permitía comer. Yo trataba de retirar los
platos tan rápido como fuera posible, para que quedara algo para sus discípulos. Como
Srila Prabhupada dijera en Calcuta, "Está bien, ellos no comen mucho".
Un día, mientras estaba abanicándolo durante el almuerzo, Srila Prabhupada se rió entre
dientes y dijo, "Esta es la costumbre Védica. La esposa debe abanicar al esposo
mientras él come. Luego, lo que sea que él deje, ella come". Riéndose, decía,
"De esta forma, ella siempre se asegura que haya gran cantidad de prasadam. De otro
modo, ella no come. Pero era meramente una costumbre". Aún sonriendo, dijo, "En
realidad, en la cultura Védica, tal era el rol de la mujer. Ellas servían de dos
maneras, una, cocinando buena comida, la otra brindando buena vida sexual. Tal es la
esencia de la vida material. Por supuesto, la diferencia es que en la Conciencia de
Krishna nosotros remarcamos la castidad, ser casto".
Mientras abanicaba a Srila Prabhupada comiendo, me sentí avergonzado. Este tema era una
fuente de gran atracción y rechazo para mí, debido a mi fascinación por el sexo opuesto
y mi constante esfuerzo por controlar mis sentidos. Aprecié el conocimiento que me estaba
impartiendo. No me atreví a decir nada, pues estoy completamente apegado a la vida
material.
Srila Prabhupada era completamente trascendental. Solo él podía sentarse con legiones de
insectos preparados para atacar sus remanentes. Solo él podía hablar del disfrute sexual
sin reservas, porque el no tenía atracción por la vida material. Siendo el devoto puro
absolutamente compasivo, el entendía nuestra condición caída, la desenredaba y nos daba
la oportunidad de realizar servicio devocional.
Srila Prabhupada Uvaca 93
Agosto de 1973; Vrindavana, India
Krishna Balarama Mandir
Podría pensarse que estar en Vrndavana con Srila Prabhupada es la
situación más bienaventurada posible, pero este período de siete días fue muy
difícil. Srila Prabhupada estuvo sumamente enfermo, de modo que estábamos en medio de
una tremenda ansiedad, pues parecía que él nos abandonaría en cualquier momento. Casi
no comió por un período prolongado de tiempo, y como consecuencia tenía muy poco vigor.
Una mañana me llamó a su sala de estar. Estaba sentado sobre su cama. Cuando entré a la
habitación, dijo con suavidad, "Puedes hacerme un poco de upma como te
enseñé". Era un pedido algo peculiar, considerando que no estaba comiendo. También
me resultó difícil imaginar porqué quería que yo lo hiciera, puesto que estaba Yamuna,
obviamente más calificada para cocinarle. Desafortunadamente, no había vegetales frescos
en la cocina, pero ella tenía algunos garbanzos secos. Hice el upma empleando esas habas
secas, luego de remojarlas. Lo hice lo más rápido que pude. Todos estábamos muy
excitados porque él hubiera pedido algo de comer, pues solo había comido rodajas de
naranja.
Pensándolo, en el pasado, el me había pedido que le preparara diferentes platillos con
la intención de aumentar su apetito. Me había enseñado personalmente como hacer una
preparación y si yo podía hacerlo bien, entonces me pediría que lo hiciera durante toda
una semana. Así pues, quizás había pensado en el upma que me había enseñado a
preparar. Comencé a evocarlo enseñándome a hacer una coliflor húmeda y vegetales de
papas con curdo frito en el Bhaktivedanta Manor. En Nueva Dvarka, entró a las
habitaciones de servicio, me dijo que consiguiera una cabeza de repollo y algunas papas.
Me enseñó el arte de cortar finamente el repollo con un cuchillo y 'sautearlo' en una
olla con daditos de papas para crear un delicioso subji de papas y repollo. Me sentía
afortunado porque me había pedido que lo sirviera.
De modo que todos estábamos muy contentos porque Srila Prabhupada había solicitado algo
que le gustaba. Llevé un plato con un katori lleno de upma a su habitación. Colocándolo
sobre el choki, alcé la mesita sobre su cama. Ofrecí reverencias y salí de la
habitación, regresando a la cocina. Me senté, aguardando por anticipado junto a un par
de devotos, con la esperanza que Srila Prabhupada disfrutara de la ofrenda y la comiera
toda. Unos cinco minutos después, Srila Prabhupada llamó con la campanilla. Corrí de
vuelta a su sala de estar, mirando a hurtadillas el upma apenas comido. Ofrecí mis
reverencias y al mirar a mi glorioso maestro espiritual, éste me devolvió la mirada con
amor, diciendo, "Este upma era de primera clase. No pude comer mucho porque no tengo
apetito, pero quiero que sepas que estuvo muy bueno. Pensé que si preparabas algo que me
gustara, podría comer, pero no es posible. Comí un poquito, y sabía muy bien". No
podía creerlo, repliqué con aprecio, "Gracias, Srila Prabhupada". Recogiendo
el plato y el choki, salí de la habitación.
Srila Prabhupada, siempre me asombraron sus amables tratos para conmigo. Miles de devotos
de todo el planeta se ocuparon 24 horas en el kirtana, orando al Señor Supremo porque le
permitiera quedarse con nosotros. De todos modos, Ud. se tomaba el trabajo porque su bajo
sirviente no se apenara debido a que no había comido el upma. Pese a estar enfermo, me
alentaba. Ud. es siempre completamente trascendental y piensa en los demás, sin importar
cómo se sienta personalmente. Espero que algún día pueda yo preocuparme por Ud. una
fracción de la cantidad que Ud. se preocupó por mí. Ese día quise complacerlo, y
sabiéndolo, Ud. reciprocó llenando de alegría mi corazón. Por favor perdóneme por ser
tan necesitado.
Srila Prabhupada Uvaca 94
Septiembre de 1974; Vrindavana, India;
Krishna Balarama Mandir
Durante este período de la enfermedad de Srila Prabhupada, hubo mucha
actividad. Sus habitaciones se hallaban en las etapas finales de construcción, y afuera
marchaban otros proyectos. Se estaba construyendo el templo y la casa de huéspedes, de
modo que muchos sonidos llenaban la atmósfera. Srila Prabhupada había estado comiendo
tan poco durante tanto tiempo, que se puso muy débil. Cuando necesitaba ir de una
habitación a la otra, uno o dos discípulos lo ayudaban.
El aire del Verano era sumamente caluroso, de modo que colocamos su cama en su porche
trasero, pues estaba mucho más fresco que en su sala de estar. A la noche, solía
descansar a la intemperie, pese a que aún proseguían los trabajos en el porche y la zona
del jardín, apenas si había lugar para su cama. Cuando era la hora de ir a descansar, a
la noche, yo le ayudaba a meterse en la cama y luego me subía debajo del mosquitero para
friccionar sus piernas. Después del masaje, colocaba una estera de paja debajo de su
cama, para dormir encima. El mosquitero adosado a su cama, se extendía hasta el suelo, de
modo que yo también era cubierto. Pasaba cada noche durmiendo directamente debajo de la
cama de Su Divina Gracia, de modo que si él necesitaba algo, yo estuviera inmediatamente
disponible.
Este fue el primer período de tiempo en que descansé directamente al lado de Srila
Prabhupada. El me quería cerca, para que si debía levantarse, yo lo ayudara a caminar.
Era una situación muy seria. Me consideraba a mí mismo como el perro de su amo, yaciendo
en el suelo, al lado de su cama, esperando una oportunidad de servirlo. Esa era mi
posición real tal como la consideraba.
Una noche, alrededor de la 1.00 a.m., me despertó el ruido de un palo cayendo al lado de
mi cabeza hasta el suelo de ladrillo. Al abrir mis ojos, vi a mi amado maestro espiritual
yaciendo en el suelo, a mi lado. Horrorizado, de inmediato así a mi Gurudeva por las
axilas y lo alcé, llevándolo de vuelta a su cama. El ruido que había oído era del
bastón de Srila Prabhupada cayendo al piso, cuando él trató de caminar. De inmediato me
desperté completamente, y me llené de temor, aprensivo dije, "Srila Prabhupada,
¿qué está haciendo? ¿Porqué no me llamó?". El replicó con suavidad, como
disculpándose, "Oh, necesitaba ir al baño. Pensé que podría hacerlo solo y no
quería molestarte porque estabas descansando".
Sabía que Srila Prabhupada era muy humilde, pero esto me conmovió. Estaba enojado de que
no me hubiera despertado y comencé a reprenderlo respetuosamente, diciendo, "¡No,
Srila Prabhupada, no es ninguna molestia! Es por eso que estoy aquí. Ud. está muy
débil. Debía haberme llamado". El dijo, "Pensé que tendría la fuerza, pero
ya veo que no tengo nada de fuerza".
Parado detrás suyo, coloqué mis manos en sus codos, y caminé con él hacia el cuarto de
baño, y esperé afuera de la puerta. Cuando terminó, lo ayudé a regresar a su cama en
el porche. Al día siguiente, él no hizo ningún comentario del incidente de la noche
anterior, como tampoco se quejó ante nadie de ningún daño que hubiera recibido al caer
en el porche de ladrillo. Era otro día en la vida del devoto puro. El verdaderamente no
era afectado por las condiciones relativas a su cuerpo. Le interesaba que todo marchara
bien con la construcción del templo.
Srila Prabhupada exhibía humildad en todas las circunstancias. A veces me llamaba a su
habitación. Al entrar, diría en un tono humilde, "¿Podrías prepararme algo
ahora?". Sorprendido por ese tono humilde, yo replicaba, "Si, Prabhupada. No
tengo otra cosa que hacer que servirlo. Por eso estoy aquí". A veces le decía a los
devotos que esperaban en la habitación para salir a caminar, "¿Vamos ahora?".
Siempre era refinado y digno. Todo lo que decía, cada movimiento suyo hacía que nos
sintiéramos más atraídos por él.
Srila Prabhupada, no hay nada que yo pueda decir para glorificar sus actividades con
propiedad. Cualquiera lo bastante afortunado como para tener su asociación, sabe que Ud.
es la encarnación de todas las cualidades trascendentales. Ud. me dio una razón para
vivir. Cuando pienso en su caída al suelo mientras yo dormía, me apeno profundamente. Yo
debí haber estado despierto, vigilando y cuidando su hermosa forma. Sin embargo, estoy
seguro que Ud. ni siquiera lo considera una falta de mi parte. Eso se debe a su gran
humildad. Es esa cualidad la que me mantiene adherido a sus pies de loto. Gracias por ser
mi amoroso y divino padre espiritual.
Srila Prabhupada Uvaca 95
Septiembre de 1974; Vrindavana, India;
Krishna Balarama Mandir
Durante este período de la enfermedad de Srila Prabhupada, hubo
problemas en continuar con la construcción del templo. Mi perspectiva de ello es muy
limitada. Solo capté partes de conversaciones que se hacían en la habitación de Srila
Prabhupada. Había dificultades para conseguir cemento, lo cual, por supuesto creaba
demoras principales en la finalización del proyecto. En esa época, un político de
Mathura estaba dispuesto a suministrar una gran cantidad de cemento para ayudar a la
terminación del proyecto y el iba a venir a visitar el templo para comprobar lo que se
había hecho.
Srila Prabhupada estaba decidido a ir y tener un programa en el templo para honrar a este
caballero. Era un motivo de mucho interés para los discípulos, que no querían que Srila
Prabhupada invirtiera demasiada energía. Algunos aconsejaron a Su Divina Gracia que no lo
hiciera porque estaba muy débil, con mucha fiebre. El dijo, "Este hombre ha venido,
tengo que salir y decir algo".
El día que el caballero llegó, ayudé a Srila Prabhupada a ponerse ropas limpias. Luego,
se colocó el tilaka. Al cabo de unos minutos se preparaba para salir para el templo. Se
volvió hacia mí y preguntó, "El tilaka, ¿me puse ya el tilaka?". Le dije que
sí. Asintió y dijo, "OK, vamos". No podía creer la determinación de Srila
Prabhupada. Su fiebre era muy alta, y aún así estaba centrado en su misión de difundir
el movimiento de Conciencia de Krishna. El no consideraba su estado. Era una oportunidad
para predicar las glorias del Señor Supremo. Llevamos a Srila Prabhupada al templo, donde
brindó una breve clase y expresó públicamente su aprecio por el político, por
ayudarnos a que la construcción se completara.
Hacia el final de este período de la enfermedad de Srila Prabhupada, contraje la malaria.
Estuve confinado en cama por varios días. En realidad, estaba en mi estera en el piso de
las habitaciones de servicio. La salud de Srila Prabhupada estaba mejorando y caminaba por
sus propios medios. Al pasar por las habitaciones de servicio, me vio tirado en el piso.
Había otros devotos en la habitación, tomando prasadam. Srila Prabhupada dijo,
"¿Qué está haciendo en el suelo? Está muy enfermo. Consíganle una cama". Me
miró compasivamente, en el momento en que me hallaba en medio de un ataque de malaria.
Dijo amorosamente, "¿Te han dado algo?". Yo dije, "No, Prabhupada".
Se volvió hacia Palika y dijo, "Prepara un poco de limonada caliente y
cuídalo".
No recuerdo si tomé o no alguna medicina, pero sé que no pasé mucho tiempo más en
cama. Era una maravillosa sensación el saber que Ud. cuidaba de mí, Srila Prabhupada.
Siempre me hizo sentir especial. Hace un año me preguntaron en el 26 de la Segunda
Avenida si Ud. trataba a alguno de sus discípulos de manera "especial". No tuve
que pensar mucho antes de responder, "¡Sí! A todos ellos". Si hay algún
servicio que pueda hacer por Ud. sería el de tratar de expresar el gran amor que tenía
por todos sus seguidores y cuánto los apreciaba por ayudarlo en su misión. Si es que
puedo realizar la profundidad de su amor por mí, nunca seré distraído del servicio de
sus dorados pies de loto, ni siquiera por un segundo. Ruego por la inteligencia para
asimilar una fracción de su amor por mí.
Srila Prabhupada Uvaca 96
Septiembre de 1974; Vrindavana, India;
Krishna Balarama Mandir
Para alivio de todos, Srila Prabhupada comenzó a recuperarse de
su enfermedad. A medida que su salud mejoraba, comenzó a pasar una hora por noche,
sentado en una silla debajo del árbol tamala, en el jardín del templo, escuchando a sus
discípulos dar clase. El no se sentaba con ellos, pero observaba la clase desde corta
distancia. A veces disfrutaba escuchando a sus discípulos mayores hablar, y otras veces
lo oí criticar la clase. Era un escucha muy atento. Recuerdo que al viajar con él,
solía pedir a un discípulo que hablara en su presencia. Mi corazón se detenía,
temiendo que me lo pidiera a mí. Estuve feliz al darme cuenta que Srila Prabhupada
conocía mi falta de comprensión filosófica. Nunca me puso en esa situación.
Una noche, el director del templo estaba dando una clase. Srila Prabhupada estaba sentado
cómodamente en su silla y yo estaba sentado a sus pies, sobre el piso de mármol. El
discípulo de Srila Prabhupada comenzó a hablar sobre la importancia de seguir el
programa del templo. Algunos de los devotos no estaban siguiendo el programa muy
estrictamente, y el director del templo estaba empleando la clase como un medio para
alentar a los devotos a ser más cuidadosos. Comenzó a reprender a un devoto francés por
no asistir a la clase de la mañana. Dijo, "No importa si no entiendes inglés, es
una vibración sonora trascendental". Continuó hablando de un modo rudo. Finalmente
Srila Prabhupada me dijo, "Dile que deje de hablar ya. Ha estado hablando demasiado
tiempo". Transmití el mensaje y el devoto dejó de hablar.
Unos pocos días después, la clase transcurría de la misma manera, con el mismo director
del templo. Srila Prabhupada me dijo, "Estas clases deberían ser de media hora. De
otro modo, nadie va a escuchar. El habla demasiado. Dile que media hora solamente".
De inmediato fui hasta el orador y transmití el mensaje de Srila Prabhupada. No lo
pregunté pero me pareció que no era la extensión de la clase lo que molestaba a Su
Divina Gracia, sino el hecho de que el orador estaba brindando más un istagosti que una
clase del Sastra. Observando la renuncia opulenta de Srila Prabhupada, se podía apreciar
que una vez que Su Divina Gracia brindaba una instrucción personal, él la daba por
terminada. Nunca reelaboró un punto ni minimizó a nadie. A él le interesaba entrenar a
sus discípulos para que avanzaran en la vida espiritual.
Cuando Srila Prabhupada se sentó en su silla en el prado una noche, y yo me senté en el
suelo de mármol cerca de sus gloriosos pies de loto, le pedí que elaborara una
declaración que había hecho en su sala de estar, ese día, anteriormente. Lo que había
dicho antes era, "Cuando los indios tocan mis pies, simplemente buscan una bendición
material. Por eso no permito que nadie toque mis pies porque tendré que asumir sus
reacciones pecaminosas y luego me enfermaré y eso causará mayor debilidad".
Al sentarnos debajo del árbol tamala, con la clase transcurriendo en primer plano, dije,
"Srila Prabhupada, cuando sus discípulos tocan sus pies de loto, ellos están
tratando de mostrar respeto. No están interesados en el provecho material". El
replicó, "Sí, eso está, pero de todos modos tengo que sufrir. Aunque ellos no
traten de acreditar algún objetivo por tocar mis pies, de todos modos el maestro
espiritual tiene que sufrir por aceptar sus reacciones pecaminosas". Se quedó en el
prado un rato más. Yo me senté a su lado, encantado de que se quedara con sus hijos
espirituales por algún tiempo más. Le interesaba mantenerse sano y no dejarnos solos.
Srila Prabhupada, mi deseo es vivir en el pasado. Entiendo que sus pasatiempos en este
planeta son eternos y por eso sólo puedo estar con Ud. recordando siempre sus hermosos
pies de loto descansando suavemente en el piso del prado del Krishna Balarama Mandira.
Gracias por permitirme tocar sus pies a diario. Perdóneme por imponer las reacciones de
mi vida pecaminosa sobre Ud. Por favor, no me aleje de Ud.
Srila Prabhupada Uvaca 97
Septiembre de 1973; Vrindavana, India;
Krishna Balarama Mandir
A medida que mejora la salud de Srila Prabhupada, me he vuelto más
consciente de mi propia incomodidad física. No he sido tan cuidadoso como debiera haberlo
sido en la India, y en consecuencia contraí la malaria; también tengo problemas
digestivos y colitis. Srila Prabhupada ha observado que perdí mucho peso. Mi ánimo está
caído. Pienso que parte de mi debilidad se debe a la tensión de ser responsable del
bienestar de Srila Prabhupada durante su enfermedad. He desarrollado aversión por vivir
en la India, después de perder mi energía y fuerza.
Me dirigí al secretario de Srila Prabhupada, Brahmananda Maharaja, y analicé la
posibilidad de regresar a Los Angeles, para recuperar mi salud. Le pedí que hablara con
Srila Prabhupada acerca de ello. Me avergonzaba hablar con Su Divina Gracia personalmente,
porque no podía asumir la idea de dejar su servicio personal. Sabía en mi corazón que
estaba equivocado. Brahmananda Maharaja habló con Srila Prabhupada sobre mis deseos.
Más tarde, Srila Prabhupada me llamó a su habitación. Entré nervioso a su habitación
y ofrecí reverencias. El estaba sentado ante su escritorio. Me sentía tan avergonzado de
mí mismo, que tenía la cabeza baja, incapaz de mirarlo. El dijo, "¿De modo que no
te estás sintiendo bien?". Yo repliqué, "No, Prabhupada. Me he sentido enfermo
por algún tiempo". El continuó, "Quieres regresar a Los Angeles a recuperar tu
salud". Tímidamente repliqué, "Sí, Srila Prabhupada. Si es que a Ud. le
parece bien". Con una voz muy dulce, el respondió, "Sí, por supuesto. Me has
mantenido vivo el mes pasado. Si no fuera por ti, no estaría ahora aquí. ¿Cómo no he
de querer que estés sano? Tú has hecho muchas cosas. Debes cuidarte. No hay problema en
conseguir a alguien. Hay mucha gente aquí en la India. Cualquiera puede hacer tu
servicio".
No podía creer lo que oía. Su humildad era abrumadora. Ofrecí mis reverencias y salí
de su sala de estar, lleno de emoción. Me hallaba en la cima del mundo. Oír decir a
Srila Prabhupada que era responsable de salvar su vida, me llenó de éxtasis. Sabía que
él estaba constantemente protegido por el Señor Krishna, pero de todos modos el
reconocimiento que me demostró era innegablemente dulce. A la vez, me sentía más bajo
que una bacteria intestinal. ¿Cómo podía dejar a tan magnánima personalidad? Mi mente
giró por el resto del día.
Esa noche acompañé a Srila Prabhupada al prado el templo, donde nos sentamos bajo el
árbol Tamala. Mientras me sentaba al lado de sus pies de loto, comencé a pensar lo loco
que era. No había un sitio más dulce en todo el universo que sentarme a sus dorados pies
de loto. Finalmente dije, "Srila Prabhupada, no me puedo ir. No es correcto que lo
haga. Tan solo debo quedarme aquí y depender de Krishna". Srila Prabhupada sonrió
ampliamente y dijo, "Sí, eso es muy bueno. Porque eres sincero, Krishna te dará
todas las facilidades para realizar tu servicio". Sentí un gran alivio, sabiendo que
estaba haciendo lo correcto.
Me quedé en la India con Srila Prabhupada por tres meses más antes de dejar su servicio
personal por segunda vez.
Srila Prabhupada, cada día que me siento aquí y escribo, me pongo triste pensando en
todas las oportunidades que perdí por no tener su asociación personal, debido a mi falta
de Conciencia de Krishna. Hoy, estoy feliz sabiendo que sin importar qué servicio haga,
Ud. está complacido trascendentalmente, siempre y cuando mi deseo de servirlo sea
sincero.
Srila Prabhupada Uvaca 98
Febrero de 1973; Auckland, Nueva Zelandia:
ISKCON Auckland
Desde la primera vez que fui el sirviente personal de Srila Prabhupada
hasta el día de hoy, ha habido un nombre que nunca convocó una sonrisa en el rostro de
Su Divina Gracia. Ese nombre era el del Sr. Nair. El era el Kamsa de ISKCON. El cometió
el gran error de vender una porción de terreno en Juhu a Srila Prabhupada con un pequeño
desembolso.- El esquema del Sr. Nair se basaba en que Srila Prabhupada no sería capaz de
pagar el enorme pago del futuro, y perdería la posesión del terreno. Luego, el Sr. Nair
revendería la propiedad como ya lo había hecho otras veces antes. El Sr. Nair no sabía
con quien estaba tratando. En cuanto Srila Prabhupada tomó posesión del terreno, hizo
que sus discípulos pusieran un templo en la propiedad, instaló Deidades e instituyó la
adoración completa de la Deidad.
Es una historia muy larga que será el tema de un libro de Giriraja Maharaja. No conozco
la historia del proyecto Juhu. Todo el mundo estaba dispuesto a transigir con las
triquiñuelas del Sr. Nair, excepto Su Divina Gracia. Srila Prabhupada pasó muchos días
cantando intensamente la japa, caminando por sus habitaciones de todo el mundo. Su
inquebrantable determinación era adquirir esa fracción de tierra en particular para Sus
Señorías. Trabajó para mantener a sus discípulos lo bastante inspirados como para
seguir adelante con la lucha y no abandonar los intentos firmes de compra. Algunos incluso
cuestionaron porqué Srila Prabhupada estaba tan apegado a esa propiedad, hasta el punto
de ser ofensivos.
Todo se aclararía en un hermoso día, durante el masaje de la mañana. Lo recuerdo como
si fuera ayer. Yo estaba sentado en el piso, detrás de Srila Prabhupada, friccionando
vigorosamente su espalda. Tusta Krsna y Siddha Svarupa Maharaja estaban en la habitación
con nosotros. Tusta Krsna Maharaja fue a contestar un llamado telefónico. Me dijo que
fuera al teléfono. Hablé brevemente y corrí a la habitación con este mensaje,
"Srila Prabhupada, era Bali Mardana. Quería avisarle que el Sr. Nair ha
muerto". De inmediato Srila Prabhupada unió sus manos en una plegaria, con una
sonrisa resplandeciente, y exclamó con júbilo, "¡Oh, gracias Krsna!".
Confundido, me senté detrás de Su Divina Gracia para friccionar su espalda. Estaba
sorprendido de lo feliz que veía a Srila Prabhupada, al pensar que alguien había muerto.
Normalmente era un tiempo de reflexión y yo esperaba que Srila Prabhupada respondiera de
otro modo. Realicé que no sabía nada sobre la vida espiritual o el devoto puro. Su
Divina Gracia continuó, "Le oré a Krsna para que lo matara. Nos ha causado
demasiados problemas. Le oraba a Krsna para que hiciera algo con este demonio".
Luego, citó un Sloka en sánscrito, del Srimad Bhagavatam, y lo tradujo después al
inglés. El dijo, "Prahlada Maharaja expresó, 'Hasta el sadhu se complace cuando se
mata un escorpión o una víbora'. El Sr. Nair era una serpiente así, por lo tanto es muy
bueno".
El leyó mi mente y corrigió de inmediato mis ideas falsas. Sentí un gran alivio. Ahora,
armado con el sentimiento apropiado, pregunté, "Srila Prabhupada, ¿Krsna lo mató?
¿Significa eso que él ha alcanzado la liberación?". Srila Prabhupada, riendo ante
mi tonta pregunta dijo, "¡No! Krsna no lo mató personalmente. Eso solo se aplica
cuando Krsna te mata personalmente. El no era un demonio tan grande. Krsna no vino
personalmente a matarlo".
Mientras continuaba con el masaje, Srila Prabhupada continuó aclarando su apego al
proyecto, diciendo, "Las Deidades fueron instaladas en la propiedad. El Sr. Nair
estaba cometiendo un gran insulto contra Krsna, lo cual yo no podía tolerar. El estaba
insultando a Krsna. Krsna estaba allí y él trató de echar a Krsna de la tierra.
Nosotros tenemos dinero. Podemos comprar propiedades en cualquier parte, pero Krsna estaba
allí, en Juhu, por eso estaba determinado a tenerlo para el Señor". Al cabo de unos
minutos, Su Divina Gracia dijo, "Recuerdo la última vez que vino a visitarme en
Bombay. Yo sabía que Krsna lo iba a matar. Observé que estaba rengo. Generalmente era un
hombre muy robusto, muy fuerte. No estaba para nada enfermo, pero en su última visita,
rengueaba. Luego supe que Krsna lo iba a matar. En realidad, Krsna lo ha matado".
Srila Prabhupada, su determinación por servir al Señor Supremo es trascendental. Es
evidente porqué lo eligió el Señor Caitanya para difundir Sus glorias en cada pueblo y
ciudad. Ud. está completamente calificado para ser adorado por todas las entidades
vivientes de este planeta por los próximos diez mil años. Observé lo resuelto que
estaba durante las abrumadoras dificultades relacionadas con el proyecto Juhu. Ud. está
completamente rendido a Krsna. Por favor, bendígame con la determinación de rendirme
completamente a sus pies de loto.
Srila Prabhupada Uvaca 99
Julio de 1971; Nueva York; NY EUA
ISKCON Brooklyn
Llegué al Templo de Nueva York desde Nueva Vrndavana con Kirtanananda
Maharaja y otros bhaktas más, para recibir iniciación. Ya he mencionado mi primer
contacto con Srila Prabhupada, al aterrizar accidentalmente al lado de su vyasasana. Mi
primer encuentro formal fue el día en que Srila Prabhupada me concedió iniciación Hare
Nama. Mientras permaneció en el templo de Brooklyn, se iniciaban diez bhaktas por día.
Recuerdo vívidamente la ceremonia de iniciación cuando el secretario de Srila Prabhupada
llamó, "Bhakta Vin", me abrí paso por en medio de la atestada sala del templo,
hasta la vyasasana de Srila Prabhupada y ofrecí nervioso mis reverencias. Srila
Prabhupada preguntó, "Así pues, ¿conoces los principios regulativos?". De
alguna manera, me las arreglé para decir que los conocía todos. Luego él dijo,
"¿Y cuántas rondas cantarás en tus cuentas?". "Dieciséis" -dije
con decisión. El dijo, "Así pues, tu nombre es Srutakirti. Ese es un nombre de
Krsna, que significa 'aquel cuyas actividades son mundialmente famosas'." Todos los
devotos en la habitación clamaron, "Jaya". Srila Prabhupada continuó, "Y
tu nombre es Srutakirti dasa". Al decirlo, hizo mucho énfasis en el 'dasa'.
Ofrecí mis reverencias y me abrí paso para regresar a mi lugar en la sala del templo. Al
sentarme, alguien me preguntó qué nombre me habían dado. Repliqué, "No lo
sé". Por fortuna, teníamos la opción de leer nuestros nombres impresos en una
lista fijada a la puerta de Srila Prabhupada.
Noviembre 1973; Delhi, India
ISKCON Delhi
Srila Prabhupada disertó aquí cada noche, en un programa pandala al cual
asistieron miles de lugareños. Después del programa, Srila Prabhupada se encaminaba a
sus habitaciones, protegido por sus discípulos. Rodeando a Srila Prabhupada, algunos
discípulos sannyasi llevaban sus dandas para proteger a Su Divina Gracia de que sus
esperanzados admiradores tocaran eventualmente sus pies de loto. Una noche, al entrar en
su habitación, sonrió y dijo, "Recuerdo cuando era joven. Miraba a Mahatma Gandhi.
El tenía mucha gente a su alrededor, protegiéndolo de sus miles de admiradores. Pensé,
'Algún día querría que me pasara eso, y ahora lo tengo".
Srila Prabhupada, han pasado 25 años desde que Ud. inició misericordiosamente a este
miserable descalificado. He pasado la mayor parte de ese tiempo en ilusión. En el
aniversario de su desaparición quiero tener la oportunidad de servir sus órdenes. La
primera instrucción que me dio fue la de cantar 16 rondas, seguir los 4 principios
regulativos y ser el sirviente de aquel cuyas actividades son famosas mundialmente. No me
es posible servir a Krsna directamente. Oro porque Ud. amablemente me permita servir a sus
pies de loto. Sus actividades son mundialmente famosas. Oro por pasar vida tras vida
alabando sus glorias por todo el mundo, Ud. es el sirviente más glorioso del Señor
Caitanya porque ha cumplido este deseo y el de los acaryas previos. Por favor protéjame
para que no me aparte de sus instrucciones. Quiero que more por siempre en mi corazón,
para poder saborear la dulzura de la separación de Ud. Es el sentimiento más sublime, y
es el único del que dispone su fiel seguidor.
Srila Prabhupada Uvaca 100
5 de abril de 1973;
Vuelo de Pan American; Londres - Nueva York
Puesto que Srila Prabhupada es trascendental y completamente libre
de hacer lo que le plazca, volar con él fue una experiencia emocionante. Nunca se sabía
lo que iría a pasar. Hoy no fue la excepción.
Srila Prabhupada se sentó al lado de la ventanilla, cerca de la parte posterior del
avión. Syamasundara y yo nos sentamos en los próximos dos asientos. Como es costumbre
habitual en los vuelos transcontinentales, las azafatas ofrecen frecuentemente refrescos a
los pasajeros, de modo de evitar los efectos deshidratadores del aire acondicionado. De
modo que entonces una azafata comenzó a caminar por el pasillo con un carrito de bebidas
en vasos claros de plástico, ofreciéndolos a los pasajeros.
Al acercarse a nuestros asientos, Srila Prabhupada dijo, "¿Qué es eso?". Yo
repliqué, "Oh, Es 7Up, Srila Prabhupada. ¿Le gustaría un poco?". El dijo,
"Sí, la probaré". Naturalmente, de inmediato solicité 3 vasos para todos
nosotros. Syamasundara y yo esperamos hasta que Srila Prabhupada tomara el primer sorbo.
Queríamos estar seguros que la 7up sería prasadam. Observamos cuidadosamente cuando
llevó el vaso a su boca de loto. Bebió un poco y colocó el vaso sobre la mesa,
diciendo, "Ahhh, es muy refrescante". Terminamos nuestras bebidas en minutos,
pues estábamos bastante sedientos.
Durante ese vuelo, tuvimos 7Up en tres ocasiones. Cada vez, Srila Prabhupada bebía y
decía, "Ahh, muy refrescante. Esto es muy bueno". En una oportunidad, la
azafata colocó el envase en la mesita junto con los vasos llenos con hielo. Srila
Prabhupada asió el envase y preguntó, "¿Cuáles son los ingredientes?".
Leyó, "Agua, azúcar, ácido cítrico, lima limón natural. ¡Oh! Esto está bien,
Esto es muy bueno. Son todos ingredientes naturales".
Srila Prabhupada era maravilloso. Podía haber hecho un comercial de la soda. Estaba muy
entusiasmado por su descubrimiento. Yo lo observaba excitado mientras disfrutaba cada
momento. Después de llegar al templo, uno de los devotos preguntó si había algo que
Srila Prabhupada necesitara. A mí no se me ocurría nada. Lo cual era un problema. Una
vez, Srila Prabhupada había dicho, "Srutakirti no tiene imaginación". Es
verdad. No me podía imaginar qué podría conseguir el devoto para mi amado Maestro
Espiritual. El devoto estaba decidido a ofrecerle algo. Finalmente dije, "Bueno, le
gusta la 7Up. Podrías traerle eso". Lo convencí que era una buena idea. Ese día el
devoto trajo un cajón de 7-Up y yo lo guardé en la cocina de Srila Prabhupada.
Debo confesar que los primeros días estaba vacilante y nunca le ofrecí nada a Srila
Prabhupada. Empecé a beberla porque temía ofrecérsela a él. No se me ocurría cual
podía ser el momento justo. Recuerden que no tengo imaginación. Finalmente surgió la
ocasión.
Una noche, llegó un presidente de templo de las afueras de la ciudad, para ver a Srila
Prabhupada. Mientras Su Divina Gracia estaba sentado en la sala de estar, hablando con su
discípulo, Srila Prabhupada hizo sonar la campanilla. Me dirigí hacia su encuentro,
cuando un devoto me detuvo en el pasillo, y me dijo, "Srila Prabhupada quiere un poco
de agua". Yo dije, "OK", pero continué caminando hacia la habitación de
Guru Maharaja. El acalorado presidente de templo reiteró audiblemente, "¡Srila
Prabhupada quiere agua!". Desconcertado, traté de guardar mi compostura y repliqué,
"Por favor, espere, quiero preguntarle algo a Su Divina Gracia".
Aparentemente este discípulo trataba de tener una conversación privada con Srila
Prabhupada y yo estaba interrumpiendo. Por falta de imaginación y sensibilidad, en el
momento no entendí su necesidad, de modo que me abrí paso hacia la sala de estar de
Srila Prabhupada, ofrecí reverencias y dije, "Srila Prabhupada, ¿le gustaría un
poco de 7-Up? ¡Oh, sí!" -replicó sonriendo. "Tráeme un poco de 7-Up".
Corrí de vuelta a la cocina y llené un vaso de plata con 7-Up con hielo. Regresando con
prisa a su sala de estar, coloqué la 7-Up sobre su escritorio, y ofrecí reverencias.
Srila Prabhupada se recostó en su asana y comenzó a sorber la bebida. Al depositar el
vaso sobre la mesa, dijo, "Esto es muy refrescante".
Se levantó de su asana y comenzó a caminar por la habitación, disfrutando de su 7-Up.
Me quedé allí, observando benditamente a mi maestro espiritual saborear la bebida fría.
Mi hermano espiritual estaba sorprendido por todo el tema y ansioso por que yo saliera de
la habitación. Luego que Srila Prabhupada terminara su 7-Up tomé el vaso vacío, ofrecí
reverencias y salí feliz, sintiendo que había complacido a mi Guru Maharaja por ese
sencillo acto, pese a haber desconcertado sin quererlo a mi hermano espiritual.
Srila Prabhupada, estoy bendecido por su misericordia sin causa. Gracias por la
oportunidad de poder ser testigo de sus pasatiempos traviesos. El observar su lila
confidencial me permitió tener una diminuta visión de su asociación con el Señor
Supremo. Su amada naturaleza cuasi-infantil contrastaba agudamente con su perfil de acarya
cual león. Para impulsar el movimiento del Señor Caitanya, Ud. hacía lo que hiciera
falta, a la fuerza. Como devoto puro del Señor, Ud. no está apegado a la fama ni la
adoración que se dispensó constantemente sobre su persona. Por eso es que es digno de
las mismas.
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